Luli Cereseto
Freelance designer in Miami

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Desde San Francisco, Colombia.

Poco a poco aprendo a vibrar en mi frecuencia más estable y mantenerme ahí.  Es difícil pero por momentos siento que lo logro.

Desde hace varios años vengo buscando e investigando sobre todo tipo de medicina alternativa, para sanar mi cuerpo, alma y mente, pero hasta hace poco decidí "formalizar" mi interés estudiando Herbología y algo de Cristaloterapia para uso personal dado que tengo las hormonas dadas vuelta. En fin, en mi viaje más reciente a Colombia pasé por San Francisco, a 1 hora de Bogotá <sin tráfico> para conocer a dos personas muy especiales, amigos de mi querida Negra.  Ellos se llaman Toño y María E y hacen Reiki, Reflexología Podal y Aromaterapia. Pero más que eso, te obsequian generosamente toda su bondad y su conocimiento.


Me dieron la bienvenida a su casa-templo con muchísimo cariño y sinceridad, haciéndome sentir más que cómoda desde el momento que llegué. 

Quise llegar sin saber todos los detalles, para dejarme sorprender y fluir con lo que me tenían preparado. Sabía, por ejemplo, que hacen cristaloterapia en una cama de cuarzos, hecha de guadua por un artesano indígena. Ni bien me acosté mi cuerpo se moldeó a todos los cristales en bruto sin ningún problema y casi de inmediato empecé a sentir la energía que emanan. Nunca había experimentado tan claramente las intensas vibraciones de los cristales.  La cama de cuarzos tiene, si mal no recuerdo, una franja de cuarzo rosa en la parte superior, y cuarzo transparente de ahí hasta abajo, dividido por una franja de amatista en la zona reproductiva.  Es además, visualmente preciosa. Poderosa, ni hablar.  Me quedé un muy buen rato acostada repitiendo mi mantra y dejándome llevar por el río de fondo y la energía de los cristales ayudándome a soltar quejas y penas.

Durante la sesión de Reiki, me impresionó muchísimo poder sentir el alineamiento de mis chakras.  Otra cosa que nunca antes había experimentado.  Mi cuerpo se movía involuntariamente al liberar la energía bloqueada.  El resultado es una paz y una gratitud indescriptible.


En todo momento me sentí tan profundamente tranquila y feliz. Mientras más recuerdo la experiencia más la aprecio. Estaré siempre agradecida con María E y Toño por compartir tanto conmigo.
Luciana Cereseto